“La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días” (Benjamin Franklin).

Hace unas semanas me sumergí en la biblioteca municipal, una de mis actividades favoritas desde siempre. Empecé a recorrer los pasillos y un libro me habló, más bien me gritó, para llamar mi atención. Las letras azules del título decían The little book of Hygge – The Danish Way to Live Well. ¿Qué es esto? Me pregunté. No resistí la tentación y lo llevé a casa. Cuando vi que el autor, Meik Wiking, es el director del Instituto de Investigación sobre la Felicidad en Dinamarca (¡sí! ¡Hay un Instituto de Investigación sobre la Felicidad!) mi curiosidad aumentó.

Dinamarca cada año sobresale como uno de los países más felices del mundo. El secreto parece residir en la filosofía Hygge. El clima tan frío, durante casi todo el año, lleva a las personas a pasar más tiempo dentro de las casas. Por eso, en Dinamarca se pone mucha atención a que el hogar sea cálido, con una iluminación adecuada, a la calidad de los alimentos. La intención es crear un ambiente propicio para relajarse, olvidarse de los problemas y disfrutar el momento, ya sea solo o acompañado. Es decir, la actitud Hygge es disfrutar las pequeñas cosas que nos hacen felices. Rodearnos de lo que nos gusta y permitirnos disfrutarlo.

¿Eso es todo? No. Meik Wiking comenta en su libro que estar con otras personas es parte fundamental del hygge y como investigador asegura que puede ser el ingrediente más importante.

En ocasiones escuchamos frases como “ahora que me gane la lotería, voy a ser feliz”. “El dinero no da la felicidad, pero cómo ayuda”. Pues según un informe de las Naciones Unidas, a pesar de que las necesidades básicas son indispensables para la felicidad, una vez que están cubiertas, la felicidad está más relacionada con la cualidad de las relaciones humanas que con los ingresos. O sea, entre más felices nos encontramos con nuestras relaciones sociales, más felices somos en general. Y con esto no debemos imaginar que debemos estar siempre rodeados de muchas personas. Lo importante es estar satisfechos con nuestras relaciones, empezando por la que establecemos con nosotros mismos.

Ahora que estamos en un mes que invita a la reflexión, podríamos aprovechar para preguntarnos: ¿Qué tan felices somos? Es decir, ¿qué tan satisfechos nos sentimos con nuestras relaciones sociales?

¿Será que ese grado de satisfacción puede depender de si somos introvertidos o extrovertidos? Se sabe que las personas extrovertidas buscan energía en estímulos externos, mientras que los introvertidos la buscan dentro de sí. Esto puede variar el tipo de actividades que nos gustan y estimulan. Habrá quienes salgan con más energía de eventos grandes, con muchas personas nuevas y estableciendo contactos, y otros que se sienten más felices en espacios con menos personas para convivir y relajarse (más ligado al concepto del hygge). Tanto un extrovertido como un introvertido son sociables, pero de diferente manera. Tener los dos tipos de actividades en nuestra vida, en mi opinión, nos puede hacer bien, dependiendo de cómo decidamos vivir la experiencia desde el inicio (cuando planeamos ir) hasta cómo queremos recordarla. También es importante identificar los días en que estamos con energía más baja, para buscar el tipo de actividades que sabemos serán estimulantes.

Se acercan días de fiesta, días para estar en familia, con amigos de BNI, amigos de diferentes ámbitos; tal vez también con personas no tan cercanas, personas nuevas.

El libro hace una invitación a que los introvertidos no se sientan avergonzados por preferir cosas hygge, y a que los extrovertidos abracen su parte introvertida con una sesión con velas (o chimenea), música relajante y pocos participantes.

¿Cómo podemos generar un ambiente hygge? ¿Cómo podemos hacer que estas fechas nos sigan llenando de energía en los siguientes meses del año? Trabajando en crear buenos recuerdos; comenzando una nueva tradición; reconociendo lo que nos gusta en las otras personas; estando totalmente presentes en las actividades y conversaciones (o silencios). Para tener un momento Hygge ni siquiera tenemos que hablar. Basta estar un grupo de personas alrededor de una chimenea, escuchando música, tomando la bebida de su preferencia, cada uno con su libro, pero sentirse conectados, en armonía. Se trata de disfrutar todas las estaciones del año: del ambiente frío y lluvioso desde la calidez de la casa, o para quienes tienen la suerte de estar en la playa: escuchar el sonido del mar, mojarse los pies, saborear la brisa salada.

El autor comenta que el hygge puede impulsar la felicidad diariamente. Nos da el lenguaje, el objetivo y los métodos para conservar la felicidad. El hygge es sacar el mejor provecho de la vida cotidiana.

Cada uno tenemos que descubrir qué nos hace sentir bien. Cuáles son esos “pequeños placeres” que hacen nuestra vida única y feliz. Puede ser algo muy particular, como en la película francesa Amélie, en la cual se observa cómo la protagonista se siente feliz al meter la mano en un saco de legumbres, romper la capa caramelizada del crème brûlée con una cuchara, hacer rebotar las piedras sobre el agua del canal y ayudar a otras personas.

Yo no puedo evitar sonreír siempre que escucho el sonido del afilador de cuchillos. Me transporta hasta mi infancia.

A ti, ¿qué te gusta hacer? ¿Con quién te gusta estar? Incluye esas actividades y a esas personas en tu día a día y durante las celebraciones decembrinas.

Que tengas un mes muy hygge, lleno de momentos agradables y relaciones satisfactorias. ¡Felices fiestas!

“Tendemos a olvidar que la felicidad no viene como resultado de obtener algo que no tenemos, sino más bien de reconocer y apreciar lo que tenemos”. (Frederick Keonig)

Por Karin Beltrán, Editora en Jefe de BNI México

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